martes, 19 de agosto de 2014

Esto no es una cita (y II)

A veces tiene gestos, palabras... no sé... es como si la sangre se me llenara de burbujas que me subieran muy deprisa por las piernas hasta el pecho y flotara a cinco centímetros del suelo... ¡Je! ¿Os hace gracia? Sí, estoy "pillaico", me temo. Me dice, como si no supiera lo que está diciendo, que "la vida no tiene sentido si no te la cuento" o "hablar contigo es como estar en casa"... O la sorprendo mirándome de reojo cuando yo intento hacer lo mismo...

Pero otras veces, me cuenta los tantos que le tiran los tejos, o, hablando sobre algún tema, deja caer, por ejemplo, que si se echara un novio, no consentiría ser amiga suya, que ella distingue muy bien una cosa de la otra... Y entonces, el corazón se me encoge un poquito, y las burbujas que antes subían, ahora caen rellenas de plomo y me cuesta mover los pies del suelo.

No estoy cómodo, pero es una incomodidad que intento disfrutar... A ver si lo explico... Me siento vivo, más vivo que nunca, porque este ir y venir de la noria me mantiene despierto, atento al hoy, al mañana... Es que no se puede vivir sin soñar... por lo menos, yo no lo concibo. Por otra parte, llegan los días malos y entonces lo veo todo oscuro y me da vueltas en la cabeza mandarla a freír espárragos y empezar a buscar por otra parte... Pero, al cabo de un rato, o de una noche de insomnio, me doy cuenta de que no quiero buscar en otro lado lo que ya he encontrado en éste... Y me conformo, me miento y me doy las mismas largas que ella me da...

Del mismo modo que veo entusiasmos y me dice muy resuelta que llevamos mucho tiempo sin vernos, que habrá que hacer algo... también veo desganas. No sé si es que son más las unas que los otros, o simplemente que se ven más oscuras y destacan sobre el fondo de los días. Cuando sus amigos le proponen algo y ella me lo cuenta... joder, siempre les guarda hueco, deja de estar cansada o se traga el bajón o el dolor de cabeza, y nunca les falla... O quizás no sea desgana, sino una extrema precaución conmigo y por eso me deja para lo último... Así me lo acabo tomando para no pudrirme.

¿Tendría que hacer algo más? A veces me lo pregunto, claro, pero no lo veo... ¡Ah! Sí, sí, dices que a lo mejor puede aparecer otro que empuje más y que... Es verdad, es más fácil dejar a quien no te pone impedimentos, más fácil abandonar a quien no te aprieta... Lo sé... lo pienso de vez en cuando... Ya, sé lo que quieres decir...

Pero... lo he meditado mucho... yo no quiero lástimas, ni miedos, ni promesas de obligado cumplimiento, ni réditos que cobrar por los servicios prestados... Lo que quiero es que me elija, que nos elijamos, lo merezcamos o no... Si llega otro... bueno... pues será que tenía que ser así, que era lo que tenía que pasar, que, si lo que siente por mí no le es suficiente, lo mejor es saberlo cuanto antes... También un topicazo, pero... ya te digo... no podemos elegir nuestros fracasos, nos sobrevienen... pero... lo que sí podemos elegir siempre es un consuelo al que agarrarnos...

Lo que pasa es que todo cansa... La tensión sexual no resuelta está bien una temporada, pero si no se resuelve, se disuelve y se pasa... Y me daría mucha rabia estar tan a punto... a punto de nada... aunque es verdad que es una nada que me rellena de todo el transcurso de los días.

¡Pues claro que me adorno! Soy tan mezquino como cualquiera, tan egoísta como todos... Lo que pasa es que no distingo entre realidad, ficción y deseo... son la misma moneda vista desde diferente ángulo, inmersos en diferentes emociones, a veces, contradictorias... No le tengo especial apego a más verdad que la del sentimiento... Si es que esa es verdad... Yo, ni nadie, puede saber cómo se sentirá mañana cuando el día amanezca inocentemente y la vida se nos enrede en los pies... Ya lo sabré en su momento...

Por eso me pongo plazos, ciertos plazos que nunca son estrictos, porque solo me sirven para apaciguar la impaciencia y hacer trocitos el paso del tiempo para poderlo digerir mejor. Así tengo pensado que, como todo empezó en marzo, será el siguiente marzo en el que tocará decidir si quiero que esto sea una cita... o tendré que ir convenciéndome de que no.

Pero... tantas vueltas, tantas cosas pasan y dejan de pasar... Nadie sabe cuando terminan los plazos hasta que no te llegan los recargos por apremio. Y entonces resulta que te percatas de que ya no hay nada que decidir... que ya se decidió y que casi ni te diste cuenta...

Esto no es una cita (I)

Pues sería por marzo, por la cosa de los cumpleaños... ¿sabéis que sólo nos llevamos diez días?... Una casualidad... Bueno, pues que si nos felicitamos, que si te tengo que invitar a una cerveza, que si yo también... El caso es que coincidió que fuimos al cine un par de veces, vamos, os acordaréis, porque lo vísteis...

A mi me gusta, no puedo... ni quiero... negarlo. Me siento bien con ella, es divertida, guapa, elegante... Me pareció tierna también en aquel momento aunque ahora quizás no tanto. Y estoy convencido de que ella también está a gusto conmigo por... bueno, no sé, no es nada objetivo, es una sensación, quizás un espejismo mío.

Y comenzamos a contactar, un wasa con foto de la sobrina, que si mira el toldo que estoy poniendo, en la tele están echando tal programa que sé que te gusta, que tenemos que ir al cine tal a ver aquella película que te dije... No sé, supongo que lo normal.

Llamadas también, cada vez más... Un par de veces por semana, luego tres, cinco... Hasta que empezamos a hablar todos los días... Me encanta hablar con ella de todo, aunque no esté de acuerdo en casi nada, pero me gusta... Me gusta cuando se ríe, porque tiene carcajadas fosforescentes, me gusta cuando habla bajito por teléfono, como si no quisiera despertar a la de la centralita... es difícil explicar por qué, pero lo cierto es que su conversación tiene algo de lluvia de verano, parecen dispersas las gotas que notas que te mojan, pero al rato estás húmedo, fresco y el aire huele a gloria... Tiene una manera de hablar que te envuelve y te engancha...

Total, que un día que ella me acercaba de vuelta hasta mi coche aparcado en las afueras, le dije que me gustaba, que creía que yo a ella también, que quería tener algo con ella, algo profundo, algo más que una amistad de cerveza y carcajadas... 

Hay cosas peores que un no y, al mismo tiempo, mejores que un sí... Es difícil de explicar... Quiero decir que me dijo que no estaba preparada, que había salido muy quemada de su separación y que no quería meterse en otra y correr el riesgo de decepcionarse otra vez tan pronto... Que quería terminar de resolver los flecos con su ex sin tener a nadie de por medio... Que quería aprender a estar sola y a andar sin muletas...

Pero que sí, que yo le gustaba, que se sentía muy bien conmigo, que no me lo tomara a mal y que tuviera paciencia... Que no hiciera lo fácil y me alejara despechado, que no era un no, sino un espérame un poco... Que lo que necesitaba no era pasión, sino alguien que la entendiera y la dejara ir a su ritmo... Un poco tópico todo, pero es que hay cosas que es difícil decir con delicadeza sin andar de puntillas por lugares comunes...

Bueno, y eso hago, estar... estar, sencillamente... Seguimos hablando, seguimos compartiendo algún que otro evento... Pero siempre con gente... con mi gente, no con la suya... supongo que eso le da reparo porque es como dar pie y no poder salir indemne...

Sí, sí... he quedado con ella, pero esto no es una cita... Es como un abrazo de medio lado, como un beso en la mejilla, como ponerse la mano en el hombro... No, no estoy saliendo con ella... Pero déjame que me consuele añadiendo: "todavía"...

domingo, 3 de agosto de 2014

Mujeres en el parque

"Prefiero no verte", le dice la chica joven a su novio. Acaban de follar salvajemente en el portal y ella se hunde. "No quiero hacerte daño, estoy mal", le dice, a lo que él responde: "pues no me lo hagas".

Su padre se ha divorciado y su madre no lo entiende, o viceversa, da igual. "Prefiero no verte", le dice. ¿Acaso sabemos por qué preferimos o dejamos de preferir?

Es sencillo dar un paso atrás, es la tentación permanente. Tampoco es difícil darlo hacia adelante, es cuestión de seguir el impulso y no hacer caso de las consecuencias. Pero hay que contar con las ganas, y distinguirlas de la voluntad. Porque las primeras son burbujas, que se rompen y se recomponen soplando sobre el jabón. Pero la otra es un pulso, un latido, un tic-tac que nunca te deja tranquilo.

Lo sé porque aún me pasa, que las ganas de retroceder hierven o se congelan, que siempre me siento a punto de dar un paso atrás (o hacia adelante, que no está clara la dirección de la vida). Ninguna vez escapo de la explosión intacto, ninguna vez soy culpable del todo.

"Eres un mierda, papá", dice la chica entre sollozos. Porque el verdadero peligro de dar el paso adelante, no es mover el pie, apoyarlo, encontrar el nuevo equilibrio. No, el verdadero peligro siempre consiste en darlo a tiempo.

Y las dos cosas son fáciles, adelante y atrás, solo es necesario dejarse llevar por el miedo o por el impulso, por las ganas o por la necesidad. Lo más difícil es mantenerse, quieto, sin decidir, sufriendo, soportando una vida que no se quiere.

En esto no hay verdad, sólo convencimiento, sólo emoción, solo interés. Por que no sabemos la razón de nuestras preferencias, simplemente, preferimos. Preferimos la comodidad, estar a salvo, el coste emocional menos gravoso para las conciencias. Y uno da un paso adelante o atrás, a veces los dos a la vez, simplemente para escapar hacia no se sabe donde.

Por mucho que se piense, por más señales que se manifiesten (evidencias para unos, casualidades para otros), nunca se sabe qué tren es el nuestro, si se llama Ana o Clara, si es ahora o habrá que esperar a luego.

Nunca se sabe y por eso admito, entiendo, creo, que el amor y la vida son cuestiones de voluntad. Voluntad, a veces desganada, pero voluntad. Y el resto solo son adjetivos posesivos que hemos leído en alguna parte, visto en alguna película o escuchado a unas mujeres que hablaban en el parque.

Envíos

Todo lo que se da llega a destiempo.
           No existe otra manera.
Entre el ojo y la mano hay un abismo.
Entre el quiero y el puedo hay un ahogado.
Un país que asoma su cabeza deforme en una
           carta,
y va a darse a destiempo, nada es lo que
           esperabas.
Y lo que llega envuelto en papel de regalo se irá
           sucio de odio.

Bailamos entre los escombros de una cita.
Dibujamos una taza de café en el desierto.
Vivimos de sumar y de restar:
lo que te da el amor, lo que te quita el miedo.
Al final nos entregan los huesos de un perfume.

Aún así persistimos.
En alguna montaña vive un pez resbaloso.
Entre números rotos se desliza una estrella.

(Jorge Boccanera)

miércoles, 30 de julio de 2014

Como todas las mañanas

Como todas las mañanas de este verano apacible y no tan desértico como muchos de sus predecesores, me levanto tarde. He perdido el control del sueño, como siempre lo pierdo en cuanto me descuido un poco, y mi cuerpo me dicta los pasos a seguir.

No puedo achacarle al calor mis desavenencias con las horas de la cama. Quizás sea mi propia naturaleza la que me empuje a esta noche perpetua en la que me sumerjo, debo decir, que con agrado. Siempre he pensado que, de noche, el mundo es más pequeño, y ahora entiendo que yo solo sé ir por caminos estrechos y mal iluminados.

El caso es que no hago nada en todo el día. Nada que se pueda plasmar en una novela de éxito, nada que se pueda contar a desconocidos vagamente familiares ni a familiares vagamente desconocidos. Nada que rellene una conversación medio sensata entre dos adultos responsables y coherentes. Nada.

Y sin embargo paso las venticuatro horas del día, y digo venticuatro porque me temo que también durante mis sueños me dedico al fantaseo, imaginando situaciones, sucesos, conversaciones, rostros... Me dedico a "vivir" en mis propias carnes, muertes, enfermedades, rupturas, éxitos, idilios, sexo y un buen número más de anécdotas imposibles que no se pueden contar.

Porque la vida por dentro es la vida o, al menos, mi vida, la vivo intensamente durante las horas lentas que rellenan estos días de espera. Pero no puedo contar mi vida a nadie, ni siquiera a ti, porque no es la verdad verdadera que todo el mundo reclama con la devoción de una fe a la que aferrarse.

No es ni cierta ni falsa, solo es mi vida conmigo, el modo que tengo que pensar, de sentir y de contarme a mí mismo todas las mentiras que necesito para averiguar hacia dónde quiero caminar.

Como todas las mañanas, y todas las tardes, y todas las noches, una de mis dedicaciones consiste en intentar encontrar algo de esa vida que pueda decirte por teléfono. Pero a duras penas encuentro algo que no me dé pudor contarte; a duras penas encuentro algo que no me dé un miedo atroz explicarte; a duras penas encuentro algo de mí que decirte sin llamar a la decepción.

Conociste más de mí cuando escribía para nadie que cuando hablo contigo. Me duele la veracidad de esa afirmación y, sin embargo, no se me ocurre otra manera de vivir más cerca del escaparate.

Como todas las mañanas, converso contigo sin que estés presente y luego, cuando lo estás, callo lo conversado. A pesar de tanto tiempo pasado, a pesar tantas palabras vertidas, de tanto amor y tanta poesía, te tengo miedo. Eres el enemigo y, en cuanto algo se me escape que no te guste, volverá la escena del malentendido y nos alejaremos un poco más.

Como todas las mañanas me levanto con miedo. Pero no es miedo a perderte, sino a estropearlo todo en el último instante.

Supongo que es un miedo que solo perderé cuando ya todo esté estropeado y sea imposible volver atrás. Y como todas las mañanas pienso, espero, deseo, que no sea hoy.


Deixis en fantasma

Aquello.
No eso.
Ni
-mucho menos- esto.
Aquello.
Lo que está en el umbral
de mi fortuna.
Nunca llamado, nunca
esperado siquiera;
sólo presencia que no ocupa espacio,
sombra o luz fiel al borde de mí mismo
que ni el viento arrebata, ni la lluvia disuelve,
ni el sol marchita, ni la noche apaga.
Tenue cabo de brisa
que me ataba a la vida dulcemente.
Aquello
que quizá hubiese sido
posible,
que sería posible todavía
hoy o mañana si no fuese
un sueño.

(Ángel González)

martes, 22 de julio de 2014

El teorema Cero

Nos estamos muriendo, aquí, entre publicidades intrusivas y mentirosas, calculando entidades esotéricas que tienen vida propia y se nos escurren entre los dedos.

Preferimos que no nos toquen, que no nos agobien con los plazos de las descargas, que no nos hagan salir de casa. Todo se derrumba cuando no acertamos, excepto esta manía de hablar de nosotros mismos en plural, como si así se espantara la soledad.

Quizá pueda demostrarse el teorema Cero, siempre hay alguien empeñado en hacerlo, y todo se resuelva en nada. Si sólo se vive esperando el final de la película, pasan inadvertidas las tramas, los ambientes asfixiantes y la locura estrepitosamente cuerda del protagonista no sirve, efectivamente, para nada.

Siempre queda ser una herramienta, compartir con otras el trabajo y la evasión, aceptar los consejos sobre el amor de un niño de quince años y desear volver a una playa en la que no termina nunca de ponerse el sol.

Nos necesitamos, estamos conectados de alguna manera, confía en mí, pero los principios marcan la línea que se sigue después y ella tiene que irse, desolada, porque las decepciones atacan con más fuerza que la ilusión de la que provinieron.

Respiremos hondo. Estamos esperando una llamada que no llegará nunca. Nadie pulsará nuestros números y, cuando descolguemos, vaciará en nuestros oídos la verdad, ese sentido de la vida que tanto nos empeñamos en buscar y que nunca aparece cuando se le necesita.

No es necesario tener sentido para existir. No hace falta un gran plan del universo para vivir. Estamos aquí. Pero hay que despreocuparse del teléfono.

No nos gustan las fiestas porque no sabemos dónde ponernos. En realidad, cualquier sitio es el nuestro.


Septiembre, 22

Me dices que es absurdo el universo,
que la vida carece de sentido.
Pero no es un sentido lo que busco,
cualquier explicación o una promesa,
sino el estar aquí y a la deriva:
una simple botella que en la playa
aguarda la marea.
Sí, la palabra justa es abandono:
una dulce renuncia que me nombra
señor y dueño al fin de mi camino.
Queden hoy para otros
los afanes del mundo, y que mi mundo sea
la magia de esta casa
tomada en su quietud por la penumbra,
saber que nadie llegará
a interrumpir mi tarde,
que no habrá sobresaltos,
ni voces, ni horas fijas,
porque ahora es tan sólo transcurrir
mi gran tarea.

(Vicente Gallego)

viernes, 18 de julio de 2014

Nebraska

¿A dónde vamos? Nadie lo sabe con certeza, al fin y al cabo, es la gran pregunta de cada ser humano.

Pero yo, que sí que lo sé, cuando lo digo, me dicen que me han engañado, que no he ganado ningún premio, que soy muy terco.

Mis hijos no me comprenden. Mi mujer, muchísimo menos. Pero es que yo sé lo que quiero y me da igual que parezca imposible.

Para conocerse mejor, hay que desprenderse del entorno cotidiano. Porque más allá de tus cosas es donde empiezas a estar tú.

En eso se divide el mundo, en las dos mitades: incrédulos y ruines. Unos no creen en mi premio, y los otros asoman su pico de buitres para sacar tajada.

Muchos son los miedos que nos acompañan, pero uno de los peores es el de no haber sido nadie, no haber alcanzado nada de lo que uno se propuso. Tengo que dejarle algo a mis hijos porque si no ¿quién he sido?

Los hipnotizados que miran la tele prefieren no sentir la muerte en los talones, no saben lo que ocurre cuando la propia memoria nos pone en entredicho. Y qué decir de mis hijos, de mi mujer, esos perfectos desconocidos.

Es amargo el camino, pero agridulces son los pasos que se van dando. Hay que perseguir los sueños. Nunca se sabe suficiente de camionetas ni compresores, ni nunca se sabe con certeza el amor, de donde viene, cuando aparece, por qué.

"¡Dos días has tardado! Ni que hubieras venido marcha atrás", le dijeron, y yo también tenía prisa. Ya no.



Proyectos de futuro

Esta tarde soy rico porque tengo
todo un cielo de plata para mí,
soy el dueño también de esta emoción
que es nostalgia a la vez de los días pasados
y una dulce alegría por haberlos vivido.
Cuanto ya me dejó me pertenece
transformado en tristeza, y lo que al fin intuyo
que no habré de alcanzar se ha convertido
en un grato caudal de conformismo.
Mi patrimonio aumenta a cada instante
con lo que voy perdiendo, porque el que vive pierde,
y perder significa haber tenido.
Ya no tengo ambiciones, pero tengo
un proyecto ambicioso como nunca lo tuve:
aprender a vivir sin ambición,
en paz al fin conmigo y con el mundo.

(Vicente Gallego)

miércoles, 19 de marzo de 2014

Psicoanalizar lo escrito

Nadie es completamente libre, nunca. Lo entiendo, lo comparto, incluso, me parece lógico y sensato. La libertad es una falta de conciencia, un derroche de ingenuidad, que necesitamos tanto como el aire.

Lo contrario no es sentirse esclavo, sino vigilado. Si hay que meditar cada palabra que se escribe en función del efecto impredecible que puede causar, la tinta se seca, se resquebraja dentro del bolígrafo, y cuando por fin se posa sobre el papel inmaculado, no quiere salir.

Si cada sueño requiere una explicación, mejor no soñar. Si cada cuento necesita una moraleja, mejor no contar. Si cada verso es oprimido por su rima, por su métrica, por su metáfora, entonces habrá que dejar que se muera la poesía.

Yo no podría, nadie, resistir un sicoanálisis estricto y continuo, sin pedir a gritos que me encerrasen bajo muchas llaves en un manicomio.

Claro que es vanidad hablar de mí mismo, de ti, pero es una vanidad necesaria. Claro que hay alfileres dispuestos a pinchar en los dedos de quien quiera apretar el devenir de los renglones.

Pero ni es vanidad lo escrito, ni de alfileres está hecho el material de los sueños con que escribo.

No es psicoanálisis lo que persigo, no es herrumbe lo que propongo. Sino exorcismo.



HUECOGRABADO

Igual que no es ningún genio quien sospecha
que la lentitud venenosa de un otoño
tiene por testigo final a cualquier calle
la tinta de este papel también es la tinta última
y en la improbable forma con que consiga
abrazarme a su mentira jamás podrá
ser más cierta la vida. Pues no
porque se repitan hasta la fatiga
dejo de saber que mis poemas no son más
que los retratos de unos penúltimos suicidios,
el puño que si se abre todas las llagas
de la sombra tiene y también el corazón que suspira
por la sigilosa huida que se transfigura en las ventanas.
Que juntos quizá forman un instante solo y tenso
en lo rojo o en la noche, un pobre tiempo fiero
en el que el corazón aprieta y muerde para que después
la vida se descanse y con igual tristeza
retome mi cintura; instantes de derrotas
y de muros, desangelados arañazos o torpes ensayos
que con insistente timidez anuncian despedidas
estos mis ocres versos en silencio sabedores
de que si de la noche salgo no estoy
en ningún sitio.

(Santiago Montobbio)